Con la llegada de la Semana Santa, las habichuelas con dulce han vuelto a ocupar un lugar central en la conversación gastronómica dominicana. Más que un postre de temporada, se trata de una preparación profundamente ligada a la memoria familiar, la tradición religiosa y la identidad culinaria del país, elaborada a base de habichuelas, leche, azúcar, especias y otros ingredientes que cambian ligeramente de una casa a otra.
Diario Libre destacó esta semana que el plato representa una mezcla cultural importante dentro de la cocina dominicana. El medio reseña que sus raíces están vinculadas a influencias europeas, particularmente francesas, y que con el tiempo la receta fue transformándose hasta convertirse en una de las expresiones más reconocibles de la gastronomía local durante la Cuaresma.
La fuerza de este postre no está solo en su sabor, sino también en su dimensión social. Preparar habichuelas con dulce implica compartir, repartir y mantener viva una costumbre que atraviesa generaciones. En ese sentido, su regreso cada abril no solo reactiva el apetito por un dulce tradicional, sino también una conversación más amplia sobre patrimonio culinario, costumbres familiares y dominicanidad.
