El reciente éxito de la misión Artemis II de la NASA volvió a poner la mirada sobre la competencia espacial entre Estados Unidos y China, justo cuando Beijing mantiene como meta un alunizaje tripulado en 2030. Reuters reportó que la misión estadounidense, en la que cuatro astronautas volaron más lejos en el espacio que cualquier ser humano antes, fortaleció el camino de Washington de regreso a la superficie lunar y elevó el peso geopolítico del calendario chino.
Mientras Estados Unidos aspira a volver a la Luna en 2028, China sigue construyendo toda la arquitectura necesaria para su primer descenso tripulado, desde el cohete Long March-10 hasta la nave Mengzhou y el módulo lunar Lanyue. Reuters recuerda que el país asiático ya acumuló avances con sus misiones robóticas, incluyendo el retorno de muestras de la cara visible y la cara oculta de la Luna, así como experiencia en operaciones de estación espacial y maniobras de emergencia en órbita.
El desafío, sin embargo, no es solo técnico. Expertos citados por Reuters sostienen que la verdadera carrera ya no es simplemente quién llega primero, sino quién logra permanecer más tiempo y hacer más una vez allí. Esa rivalidad también se extiende al plano diplomático: Estados Unidos impulsa los Artemis Accords, mientras China y Rusia promueven la International Lunar Research Station. En ese escenario, el nuevo impulso de la NASA convierte el próximo tramo del programa lunar en una disputa por influencia, tecnología y liderazgo espacial a largo plazo.
