Estados Unidos vivió en marzo de 2026 un episodio climático sin precedentes. De acuerdo con datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), el territorio continental del país registró su marzo más caluroso desde que comenzaron los registros en 1895, lo que convierte este evento en el más extremo para ese mes en 132 años de historial climático. La temperatura promedio nacional se ubicó en 50.85 °F, es decir, 9.35 °F por encima del promedio del siglo XX para marzo.
El informe también resalta que no se trató solo de un marzo cálido, sino de un comportamiento fuera de lo común incluso frente a otros episodios históricos. NOAA indicó que fue la primera vez que cualquier mes en el registro del territorio continental superó la barrera de 9 °F por encima de su promedio histórico, lo que posiciona a marzo de 2026 como el mes más anómalamente caluroso de toda la serie registrada, sin importar la época del año.
Otro de los datos que más llamó la atención de los especialistas fue el comportamiento de las temperaturas máximas diurnas. Según la agencia federal, el promedio de las temperaturas más altas del día estuvo 11.4 °F por encima de lo normal para marzo y llegó a estar casi un grado Fahrenheit por encima del promedio típico de las máximas de abril. En otras palabras, amplias zonas del país experimentaron en marzo condiciones más propias de una etapa mucho más avanzada de la primavera.
La magnitud del fenómeno también quedó reflejada en la cantidad de récords rotos. AP reportó que durante marzo se rompieron más de 19,800 récords diarios de calor y más de 2,000 récords mensuales en diferentes puntos del país. Además, NOAA detalló que 1,432 condados, más de la mitad del área continental y cerca de un tercio de la población, registraron su día de marzo más caluroso desde que existen mediciones comparables a nivel local.
Este episodio no ocurrió de forma aislada. La NOAA señaló además que el período comprendido entre abril de 2025 y marzo de 2026 se convirtió en el tramo de 12 meses más cálido jamás registrado en el territorio continental de Estados Unidos. Ese dato refuerza la lectura de que no se trata simplemente de una anomalía puntual, sino de una tendencia sostenida de temperaturas elevadas que viene acumulándose en el tiempo.
Junto con el calor extremo, el país enfrentó otro elemento preocupante: la falta de lluvias. El período de enero a marzo de 2026 fue el más seco del que se tenga constancia para el territorio continental, según datos citados por NOAA y AP. La combinación de calor récord y sequedad récord incrementa los riesgos para la agricultura, reduce la disponibilidad de agua, afecta los niveles de los ríos y puede dificultar incluso la navegación y las actividades económicas vinculadas a los recursos hídricos.
Especialistas en clima han vinculado este escenario con el calentamiento global causado por la actividad humana. Según AP, científicos y meteorólogos advirtieron que algunas de las jornadas de calor extremo registradas en marzo habrían sido virtualmente imposibles sin la influencia del cambio climático. A esto se suma la expectativa de un posible fortalecimiento de El Niño en los próximos meses, lo que podría empujar aún más las temperaturas globales hacia arriba entre finales de 2026 e inicios de 2027.
Las consecuencias de este patrón ya empiezan a preocupar en varias regiones del país. Medios internacionales han reportado que el calor inusual de marzo ha dejado niveles críticamente bajos de nieve acumulada en zonas montañosas del oeste de Estados Unidos, lo que compromete reservas de agua clave para la temporada cálida y aumenta el temor a una temporada severa de incendios forestales si persisten las condiciones secas y las altas temperaturas.
Aunque los cambios de temperatura pueden variar por región en las próximas semanas, el nuevo récord deja una señal clara sobre la intensidad de los cambios que está experimentando el clima en Estados Unidos. Más allá de la cifra histórica, marzo de 2026 se perfila como un mes que podría marcar un antes y un después en la conversación sobre calor extremo, resiliencia climática y preparación ante eventos cada vez más frecuentes e intensos.
